Cómo trabajamos

El proceso de una reforma, paso a paso: de la primera visita al último retoque

📅 8 septiembre 2026⏱ 5 min lectura

Hay una pregunta que me hacen en casi todas las obras, da igual el cliente, el tamaño o el barrio: “¿y cuál es el proceso? ¿qué vais haciendo primero?”

No me importa repetirla, porque es buena señal: significa que quiere entender qué va a pasar en su casa antes de empezar. Y como me la preguntan tanto, hoy te la respondo a ti: este es el proceso que seguimos en ISAR, en orden y sin saltarnos nada.

Primero: saber exactamente qué se va a hacer

Antes de tocar una pared hay que tenerlo todo decidido al detalle. Dónde van los enchufes, dónde van los muebles, dónde va la cocina y dónde el baño —porque de ahí depende si hay que tocar fontanería y electricidad—. Si se bajan los techos, si hay rozas, si se levanta el suelo. Todo el trabajo que se va a realizar, matizado y claro. En una obra bien hecha no existe el “ya lo veremos sobre la marcha”: primero se decide, luego se ejecuta.

Segundo: las preinstalaciones

Con el plan cerrado, llega el esqueleto de la casa: electricidad, con todos sus tubos y registros colocados, y la decisión de dónde va el cuadro eléctrico. Normalmente ponemos un cuadro general para la vivienda y uno específico para la cocina. Fontanería. Y calefacción o aire acondicionado si el caso lo requiere. Todo esto no se ve al final, pero es lo que sostiene la obra: si falla aquí, falla todo lo demás.

Preinstalación eléctrica en reforma: rozas, tubos corrugados y cajas de registro en pared de ladrillo

La preinstalación no se ve al final, pero es el esqueleto de la casa.

Tercero: empieza la parte bonita

Cuando las preinstalaciones están hechas, bajamos techos, preparamos paredes, tapamos rozas y colocamos los premarcos si hace falta. Es el momento en que la casa empieza a parecer una casa: alisar paredes, rectificar suelos si es necesario.

Cuarto: los acabados

Llegan los enchapados, los azulejos, y después la pintura. Aquí hay un detalle que pocos cuentan: en los baños, a veces dejamos los techos para el final. ¿Por qué? Porque si bajamos el techo antes, condicionamos al albañil a la hora de colocar el azulejo. Así, él enchapa hasta donde necesita y luego nosotros instalamos el techo donde nos conviene, y de paso colocamos las extracciones que suelen llevar los baños.

Quinto: puertas, pintura y suelo

Colocamos puertas y rodapiés, y después pintamos. El suelo —sobre todo si se va a acuchillar— lo dejamos para el final, porque es lo último que debe sufrir el tráfico de la obra. Hay quien prefiere hacer primero el suelo y después la pintura; es de las pocas cosas que son indiferentes, depende de cada profesional. Nosotros tenemos claro nuestro orden.

Colocación de suelo en obra ISAR con sistema de nivelación de cuñas

El suelo, siempre al final: es lo último que debe sufrir el tráfico de la obra.

Y lo que nadie te cuenta: la partida de los retoques

Siempre dejamos una pequeña partida para después de la mudanza. Porque cuando se meten los muebles, las cajas y los electrodomésticos, siempre acaba habiendo un toque en una pared, una esquina que sufre. Eso pasa en todas las obras, siempre. La diferencia es que nosotros volvemos, repasamos y lo dejamos perfecto, sin que te cueste un sobresfuerzo de última hora.

Ese es el proceso. Parece sencillo, y lo es… pero solo si se respeta el orden. Por eso, cuando alguien me pregunta cómo trabajamos, le digo lo mismo: primero decidimos, luego construimos, y al final repasamos hasta que está perfecto.

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