Hay una pregunta que me hacen en casi todas las obras, da igual el cliente, el tamaño o el barrio: “¿y cuál es el proceso? ¿qué vais haciendo primero?”
No me importa repetirla, porque es buena señal: significa que quiere entender qué va a pasar en su casa antes de empezar. Y como me la preguntan tanto, hoy te la respondo a ti: este es el proceso que seguimos en ISAR, en orden y sin saltarnos nada.
Primero: saber exactamente qué se va a hacer
Antes de tocar una pared hay que tenerlo todo decidido al detalle. Dónde van los enchufes, dónde van los muebles, dónde va la cocina y dónde el baño —porque de ahí depende si hay que tocar fontanería y electricidad—. Si se bajan los techos, si hay rozas, si se levanta el suelo. Todo el trabajo que se va a realizar, matizado y claro. En una obra bien hecha no existe el “ya lo veremos sobre la marcha”: primero se decide, luego se ejecuta.
Segundo: las preinstalaciones
Con el plan cerrado, llega el esqueleto de la casa: electricidad, con todos sus tubos y registros colocados, y la decisión de dónde va el cuadro eléctrico. Normalmente ponemos un cuadro general para la vivienda y uno específico para la cocina. Fontanería. Y calefacción o aire acondicionado si el caso lo requiere. Todo esto no se ve al final, pero es lo que sostiene la obra: si falla aquí, falla todo lo demás.
La preinstalación no se ve al final, pero es el esqueleto de la casa.
Tercero: empieza la parte bonita
Cuando las preinstalaciones están hechas, bajamos techos, preparamos paredes, tapamos rozas y colocamos los premarcos si hace falta. Es el momento en que la casa empieza a parecer una casa: alisar paredes, rectificar suelos si es necesario.
Cuarto: los acabados
Llegan los enchapados, los azulejos, y después la pintura. Aquí hay un detalle que pocos cuentan: en los baños, a veces dejamos los techos para el final. ¿Por qué? Porque si bajamos el techo antes, condicionamos al albañil a la hora de colocar el azulejo. Así, él enchapa hasta donde necesita y luego nosotros instalamos el techo donde nos conviene, y de paso colocamos las extracciones que suelen llevar los baños.
Quinto: puertas, pintura y suelo
Colocamos puertas y rodapiés, y después pintamos. El suelo —sobre todo si se va a acuchillar— lo dejamos para el final, porque es lo último que debe sufrir el tráfico de la obra. Hay quien prefiere hacer primero el suelo y después la pintura; es de las pocas cosas que son indiferentes, depende de cada profesional. Nosotros tenemos claro nuestro orden.
El suelo, siempre al final: es lo último que debe sufrir el tráfico de la obra.
Y lo que nadie te cuenta: la partida de los retoques
Siempre dejamos una pequeña partida para después de la mudanza. Porque cuando se meten los muebles, las cajas y los electrodomésticos, siempre acaba habiendo un toque en una pared, una esquina que sufre. Eso pasa en todas las obras, siempre. La diferencia es que nosotros volvemos, repasamos y lo dejamos perfecto, sin que te cueste un sobresfuerzo de última hora.
Ese es el proceso. Parece sencillo, y lo es… pero solo si se respeta el orden. Por eso, cuando alguien me pregunta cómo trabajamos, le digo lo mismo: primero decidimos, luego construimos, y al final repasamos hasta que está perfecto.
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